La patrona de la cofradía de Miño, María Xosé Crespo, sospecha que las obras de la macrourbanización paralizada en la localidad pueden empeorar aún más el estado del banco marisquero de Baxoi, cerrado desde que se comenzó a construir Costa Miño, la primera urbanización de grandes dimensiones del municipio. «Encheron os bancos de arxila e xa non se puido traballar máis; tememos que as novas obras acaben de matar todo», detalla, y recuerda que las 60 familias que trabajan en la zona no perciben dinero alguno, ya que la promotora que causó los daños no llegó a abonar las indemnizaciones previstas. En la actualidad están realizando una serie de trabajos para la regeneración de la zona, pero todavía no tienen resultados positivos.
Regeneración
«Se volven facer as cousas mal todo este traballo está perdido», alerta Crespo, que recuerda que los bancos llegaron a estar cubiertos por varios metros de arcilla en el año 2004. Las mariscadoras que faenaban esta zona son de Miño, Paderne y Bergondo. La mayoría han tenido que recolocarse en el campo, puesto que las ayudas por el cese de esta actividad son escasas.
«Cuando hay suerte y se firman convenios cobran 82 euros diarios, pero solo unos diez días al mes», asegura uno de los afectados, que recuerda que esta zona era famosa por la producción de almeja, longueirón y berberecho. Esta última especie fue la primera en desaparecer con el accidente del Urquiola, hace 32 años. Los mariscadores denuncian que desde entonces la zona ha sufrido cada vez con más intensidad el azote de la contaminación, sobre todo con los efectos de las construcciones de viales y urbanizaciones.
Precisamente, el auto que mantiene paralizada la construcción de 700 casas en monte Piñeiro, ante la marisma de Baxoi, alerta de que la medida se adopta para evitar problemas ambientales de difícil resolución. De hecho, la Consellería de Medio Ambiente asegura que se obvió el paso inicial -el informe de evaluación ambiental- que determina si la zona es la idónea para crear un proyecto que el Concello denomina como el nuevo Miño y que incluso incluía nuevas dependencias municipales.
Por su parte, el alcalde de la localidad asegura que el plan «no tuvo alegaciones de ecologistas ni de partidos políticos» y que figura como suelo urbanizable delimitado en el plan general aprobado en el 2002.