La atomización del sector mejillonero no es nada nuevo. Tampoco lo son sus efectos, aunque en esta ocasión la paulatina pérdida de fuerza de las organizaciones de mayor peso está generando un auténtico descontrol en las ventas. La falta de coordinación y de criterios comunes ha llegado al punto de cercenar en un 50% los ingresos por la venta de la vianda con destino a la industria conservera. Ante esta situación, varias agrupaciones de productores -entre ellas Opmega, Illa de Arousa, Amegrove y Cabo de Cruz- están estudiando la posibilidad de paralizar las descargas en toda la ría.
El objetivo de esta medida sería forzar una negociación para frenar el desplome de los precios. «Chegamos a un punto no que non é que calquera produtor venda xa directamente aos cocedeiros e ás conserveiras a un prezo distinto cada vez, senón que se están facendo descontos de ata o 25%, e mesmo regalándose vianda», aseguran fuentes del sector, que afirman que, hoy por hoy, la industria está en condiciones de imponer cualquier condición, que el bateeiro aceptará con tal de colocar su producto.
El problema se centra en el mejillón que se destina a cocederos y conserveras, no al producto que se dirige al mercado en fresco. Pero es precisamente este ámbito, el de la industria, el que procesa la mayor parte de la producción de las rías gallegas, en torno a un 60% o 70%, con lo cual la crisis se convierte en una cuestión de primera magnitud. Por algo los ingresos derivados de las ventas, insisten las mismas fuentes, han caído prácticamente a la mitad.
Desde la óptica de las organizaciones que promueven la movilización, las salidas a esta situación serían solo dos: o entrar en una guerra de precios a la baja de todos contra todos, con lo que los ingresos seguirían desplomándose, o frenar las descargas para alcanzar un acuerdo de mínimos entre los productores. Los precios, claro está, no pueden pactarse, puesto que el Tribunal de Defensa de la Competencia echaría abajo cualquier operación en este sentido. Sin embargo, desde hace unos ocho años sí existen unas tablas orientativas, en función del rendimiento y tamaño de las viandas. Sucede que nadie respeta ya este baremo olvidado.